A diferencia de la otra vida, este mundo es una mezcla de penurias y de bienestar, y en él no se cumplen todos los deseos del ser humano. Quien cree en esta verdad está mejor preparado para afrontar los altibajos de la existencia. Ante las calamidades terrenales, el creyente, aunque su corazón arda de dolor y se embargue de tristeza, no deja que su lengua pronuncie palabras de incredulidad ni de ingratitud.
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